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“Nuestro objetivo es poner comedores sociales en todo el territorio nacional para llegar a todos los ancianos solos y abandonados”

Casilda Roku

Con el objetivo de concienciar a la juventud sobre la necesidad de cuidar y atender a los ­ancianos, la Fundación Ana Costa apuesta por la creación de comedores sociales para los mayores desfavorecidos en todo el territorio nacional. Las donaciones solidarias por parte de particulares y empresas son las que permiten continuar con esta labor.

Un consejo que le dieron a Casilda Roku siendo pequeña está dando resultados remarcables. Su abuela, Ana Costa, les exhortaba a ella y a sus hermanos a querer, respetar y cuidar de los ancianos con mucho esmero. Hoy, a modo de homenaje, Roku ha ideado una fundación solidaria y la ha puesto su nombre. Con su primer comedor para ancianos situado a unos tres kilómetros a las afueras del casco urbano de Malabo, la Fundación Ana Costa pretende concienciar a la juventud sobre la necesidad de cuidar y atender a los ancianos. Su objetivo, seguir creando más comedores sociales a lo largo del territorio nacional. Siempre con la vista puesta en los mayores desfavorecidos. La fundación se maneja básicamente con las donaciones provenientes de instituciones, principalmente empresas, que ayudan a la causa. Con la crisis provocada por la Covid-19 han visto recortados sus recursos.

P. ¿Qué es la Fundación Ana Costa?

R. Es una organización sin ánimo de lucro creada con la intención de situarse en todo el ámbito nacional para brindar apoyo a los ancianos más desfavorecidos y vulnerables. Entre sus objetivos también está crear campañas que ayuden a concienciar a la población sobre la importancia de cuidar y valorar a nuestros ancianos para su integración social. Y todo ello sin olvidar la puesta en marcha de comedores sociales, apoyada por actividades recreativas y culturales. En muchas ocasiones este colectivo, por circunstancias de la vida, no puede cubrir sus gastos de alimentación diaria y se ven aislados y abandonados por sus respectivos núcleos familiares. La idea del comedor social no es solo que los ancianos vengan a comer. También queremos saber más de ellos, conocer dónde viven, si han tenido hijos, por qué están solos, si tienen alguna enfermedad, etcétera. Es decir, buscamos implicarnos más en sus vidas y, de esa manera, ver cómo podemos ayudar a mejorarlas.

P. ¿Por qué eligió ponerle el nombre de su abuela a la fundación?

R. Ella es una de esas personas que han dedicado gran parte de su vida a cuidar de sus familiares y allegados. Es una mujer cariñosa, trabajadora, fuerte, luchadora y, sobre todo, muy generosa. La fundación lleva su nombre a modo de homenaje por los valores que nos inculcó desde niños, como el amor y el respeto a la gente mayor. En realidad, el nombre de Ana Costa representa a todos esos abuelos y abuelas que han dado tanto por el país y por la familia. Me gustaría pensar que, si ella estuviese sola, otra persona joven se pararía y diría “mira, esa abuela lo está pasando mal, ¿por qué no la ayudamos?”.

P. ¿Dónde se encuentra la fundación y cómo se organiza?

R. Tenemos una pequeña oficina en el barrio de Paraíso, por la carretera de Delta Mar, y el primer comedor social para ancianos se inauguró el pasado 1 de octubre en el barrio de Sampaka, antes de llegar al complejo Elizabeth. Estas instalaciones están abiertas de lunes a viernes, desde las 10 hasta 16,30 o 17 horas. Por el momento, la Fundación tiene alquilado un autobús que, con la coordinación del equipo logístico, pasa por diferentes rutas recogiendo a los ancianos. La recogida comienza a las 12 y para las 13-13,30 h. los ancianos ya se encuentran en el comedor. Después de la comida, en las mismas instalaciones organizamos juegos o invitamos a jóvenes para que vengan a interactuar con los ancianos.

P. ¿Cómo identifican a los ancianos necesitados?

R. Con regularidad recibimos llamadas de voluntarios avisandonos de la situación de algunas personas. Además, estamos en contacto con los presidentes de algunas comunidades para saber cómo evolucionan algunos ancianos que por sus circunstancias no pueden ir al comedor social. Entonces, les visitamos y tomamos datos sobre su estado y vemos de qué manera podemos ayudar. Por ahora, estamos limitados en aforo, así que nos vemos obligados a ser bastante selectivos.

P. ¿Cuál es el criterio de selección?

R. Los ancianos están clasificados en tres categorías. El grupo A, son ancianos que han trabajado y que en su día cotizaron, así que perciben sus correspondientes pensiones. El grupo B, son ancianos que cotizaron parte del tiempo, sus pensiones no son como los del grupo A, pero bien o mal, algo tienen. Nosotros en la fundación nos dedicamos al grupo C. Son ancianos que trabajaron sin cotizar, y actualmente no reciben ningún tipo de pensión ni subsidio y tampoco cuentan con la ayuda de sus familiares.

P. Cuando conversan con los ancianos, ¿cuál es la causa más común por la que acaban abandonados?

R. Curiosamente, hay más ancianos abandonados que ancianas. Por lo que nos cuentan, el abandono siempre está relacionado con problemas familiares. Lo habitual es que los ­padres se ­separen y los hijos se queden con la madre. Este hecho con el tiempo genera un distanciamiento, hasta tal punto de que los hijos se desentienden por completo del padre.

P. ¿Cuál es el aforo máximo del comedor y qué estrategia tienen definida para cuando se supere esa capacidad?

R. El aforo máximo es de 80 personas. Actualmente tenemos un aforo de 30 personas para respetar el distanciamiento social que se recomienda para la lucha y contención contra el Covid-19. El plan es dedicarles de tres a cuatro meses a cada anciano, pero la pandemia nos está frenando. Nuestro planteamiento inicial, antes de la pandemia, era no limitarnos a darles de comer, sino, sobre todo, trabajar en mejorar su situación personal para que puedan ser independientes y reinstalarles en la sociedad. Buscamos actuar de mediadores en sus problemas personales y familiares para reconciliarles con sus familias y, una vez reconciliados, darles de baja para así atender a otros ancianos. Por ejemplo, muchas ancianas eran amas de casa, no cotizaban y no están recibiendo ningún tipo de subsidio. Nosotros hemos enviado una carta al Ministerio de Sanidad para que por lo menos puedan acceder a alguna cobertura de salud. Lamentablemente estamos trabajando con pocos recursos y aún no podemos llegar a todos los ancianos que demandan el acceso al comedor. Esperamos que las cosas cambien y podamos alcanzar cada vez a más gente.

“El nombre de Ana Costa representa a todos esos abuelos y abuelas que han dado tanto por el país y por la familia”

Casilda Roku

P. ¿Qué estrategias tienen diseñadas para la expansión?

R. Nuestro objetivo es poner comedores sociales en todo el territorio nacional con el fin de llegar a todos esos ancianos desfavorecidos que se encuentran solos y abandonados. Primero vamos a centrarnos en el crecimiento del proyecto en la capital, para ver cómo avanza y evoluciona. Tenemos un plan de actuación a tres años que queremos definir totalmente y trabajamos en seguir sensibilizando a la población sobre la importancia de cuidar de nuestros mayores, involucrar a más entidades públicas y privadas a apoyar nuestro proyecto y de esa manera conseguir financiación para la expansión.

P. ¿Reciben algún tipo de ayuda para sostener esta iniciativa?

R. Sí, nos hemos encontrado con personas y entidades privadas que se solidarizan con la causa, como K5 Oil Centre, Goldem Swam, Don Luis, Geproyectos, FB Services S.L., OfficeTech, Restaurante Babel, Waka Send y la Iglesia Asamblea de Dios. Además, muchas otras empresas y personas que nos apoyan de muchas maneras. En nuestra búsqueda de colaboradores vamos por buen camino, aunque es cierto que nos encontramos con muchas limitaciones por la crisis económica generada por la pandemia. En cualquier caso, deseamos que más gente se solidarice porque cuanto más apoyo recibamos mayor será el resultado. Para poder llevar a cabo todo el trabajo de la fundación necesitamos contar con más apoyo de nuestro Ministerio Tutor, al que mensualmente enviamos un informe sobre nuestro trabajo y las observaciones que tenemos sobre ciertos ancianos.

P. ¿Cuáles son las mayores dificultades con las que se han encontrado hasta ahora?

R. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad donde mucha gente ha utilizado las ONG o las Fundaciones para lucrarse, por lo que uno de los desafíos más grandes es ganarnos la confianza de la población y de los contribuyentes, haciéndoles ver que somos una organización sólida, que se rige bajo unas normas y unos valores y que nuestro único objetivo es ayudar. Solo necesitamos tiempo para conseguirlo porque nuestro trabajo responderá por nosotros. En cuanto a las dificultades del día a día en el comedor social, la logística es la que más nos pesa, al no disponer de autobús propio sino alquilado, lo que supone un coste semanal y la falta de puntualidad de algunos conductores. Además, tenemos que hacer frente al alquiler del comedor social, ya que todavía no hemos conseguido la ayuda necesaria para la construcción de nuestro propio comedor social. Necesitamos ayuda de muchos departamentos ministeriales, pero ahora mismo todos están centrados en el Covid-19. Sabemos que es importante, pero nos frena bastante la labor que nos gustaría hacer con los ancianos.

P. ¿Cómo concilia su tiempo en la fundación con su vida familiar y profesional?

R. La fundación ocupa el 60% de mi día. Sin embargo, FB Services S.L., la empresa en la que trabajo, está también implicada en el proyecto. La directiva decidió apoyar esta causa para cubrir la parte de proyecto social que normalmente se exige a todas las empresas, por lo que hay bastante flexibilidad. Esto me permite poder compaginar las dos actividades, aunque es innegable que se requiere mucha dedicación y esfuerzo, y sobre todo mucho corazón, pero tengo la suerte de contar con un equipo que lo entiende perfectamente y que dan lo mejor de sí.

P. ¿Cómo ha afectado el Covid-19 a la fundación?

R. Ha influido mucho. Por un lado, en los plazos de apertura, porque en un principio el plan era inaugurar el primer comedor social a principios del mes de abril de 2020 y tuvimos que posponerlo. Por otro lado, como comentaba, por el aforo: tuvimos que reducir de 80 a 30 los ancianos que podemos atender a diario. También nos ha limitado bastante las visitas que hacemos en los hogares de los ancianos y el voluntariado. Intentamos ser bastante rigurosos y disciplinados en cuanto a las medidas de prevención y contención y a la hora de cumplir nuestro objetivo de concienciar a la juventud sobre la importancia de cuidar de los ancianos. A todo esto, hay que añadirle que dentro de nuestros planes vienen recogidas actividades como charlas y cursillos, para generar momentos de interacción entre los jóvenes y los ancianos y a su vez generar charlas intergeneracionales, y todo eso se ha quedado frenado.

P. ¿Han tenido algún caso de contagio entre los ancianos de su comunidad? ¿Qué medidas de protección implementan?

R. Afortunadamente no hemos tenido ni un solo caso hasta la fecha. En la recogida, exigimos a todos los ancianos llevar puesta las mascarillas y, en el caso de que alguien no tenga, se le da. Y a su llegada, antes de acceder al comedor, pasan por la zona de lavado de manos y desinfección. Además, las mesas están colocadas de tal forma que hay distancia entre ellos. Cuando ya no están los ancianos, se limpia y desinfecta toda la instalación.

P. Si hay alguna persona o entidad interesada en apoyar a la Fundación Ana Costa, ¿cómo podrían hacerlo?

R. Nosotros siempre invitamos a conocer el comedor social para explicarles a lo que nos dedicamos. De ese modo, ellos mismos podrán elegir su modo de contribución. El primer comedor social para ancianos de la Fundación Ana Costa se encuentra en Sampaka, en la carretera del complejo Elizabeth. Pueden llamar al (+240)555611234 o al (+240)222271567. Para quienes todavía no se han animado, solo puedo recordarles una frase del famoso escritor Oscar Wilde: “el acto más pequeño de bondad vale más que la más grandiosa intención”. Y no podría acabar sin decir que hoy por ellos y mañana por ti. Yo cuido de los ancianos, ¿y tú?

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